Cayetano Santos Godino: ¨El Petiso Orejudo¨

Nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1896, hijo de los inmigrantes calabreses Fiore Godino y Lucía Rufo, Cayetano Santos generó pánico en Argentina años más tarde, bajo el sobrenombre de el “Petiso Orejudo”.

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Su padre era alcohólico y golpeador. Estaba enfermo de síflilis, por lo que el niño nació con graves problemas de salud y estuvo varias veces al borde de la muerte en sus primeros años de vida.
Pasó su infancia vagando el la calle. Fue a varias escuelas de las que fue expulsado numerosas veces por su mal comportamiento y falta de interés.

Una extensa carrera criminal:

Con tan solo 7 años, Cayetano inició su carrera criminal, cuando llevó a Miguel de Paoli, un niño de 2 años a un baldío, donde lo golpeó y lo arrojó sobre unos espinos. Afortunadamente un policía que estaba por la zona los encontró antes de que llegara a mayores y los niños fueron llevados a la comisaría y devueltos a sus respectivas madres.

Un año después, fue el turno de su vecina Ana Neri, quien con 18 meses fue engañada por el niño para llevarla a un lugar apartado y luego la golpeó con una piedra en la cabeza. Nuevamente la policía lo descubrió y lo llevó a la comisaría.
Como era tan solo un niño lo dejaron en libertad.

En 1906 cometió su primer asesinato, cuando llevó a una niña de 2 años a un baldío sobre la calle Río de Janeiro y después de intentar estrangularla la enterró viva en una zanja, la cual cubrió con latas.
Este crimen no fue conocido sino hasta ser declarado por Cayetano, pero no pudo corroborarse ya que cuando fueron a buscar el lugar, habían construido un edificio sobre el terreno, pero esta historia fue vinculada con una denuncia por desaparición realizada hacia la fecha del crimen, de una niña de características similares a las declaradas por el asesino.

Días después de su primer asesinato, Cayetano fue denunciado por su padre, cuando este descubrió que había torturado a algunas aves domésticas y encontró sus cadáveres escondidos en la habitación del niño.

Esta es la reproducción del acta levantada en aquella ocasión:

“En la Ciudad de Buenos Aires, a los 5 días del mes de abril del año 1906, compareció una persona ante el infrascripto. Comisario de Investigaciones, la que previo juramento que en legal forma prestó, al solo efecto de justificar su identidad personal dijo llamarse Fiore Godino, ser italiano, de 42 años de edad, con 18 de residencia en el país, casado, farolero y domiciliado en la calle 24 de Noviembre 623. Enseguida expresó: que tenía un hijo llamado Cayetano , argentino, de 9 años y 5 meses, el cual es absolutamente rebelde a la represión paternal, resultando que molesta a todos los vecinos, arrojándoles cascotes o injuriándolos; que deseando corregirlo en alguna forma, recurre a esta Policía para que lo recluya donde crea oportuno y para el tiempo que quiera. Con lo que terminó el acto y previa íntegra lectura, ser ratificó y firmó. Fdos: FRANCISCO LAGUARDA, Comisario. -Fiore Godino”.”Se resolvió detener al menor Cayetano Godino y ser remitió comunicado a la Alcaidía Segunda División, a disposición del señor Jefe de Policía”

Cayetano estuvo recluído por dos meses y luego regresó a las calles.
Como no iba a la escuela siguió vagando, sumergido en sus criminales pensamientos.

El 9 de septiembre de 1908 llevó a Severino González Caló, a una bodega donde lo sumergió en una pileta para caballos, la cual cubrió con una tabla, para ahogar al niño de tan solo 2 años.

El 15 de septiembre, Cayetano encontró a su próxima víctima: Julio Botte, de 22 meses, a quien le quemó con un cigarrillo los párpados. La madre de Julio lo descubre, pero Cayetano logró huir.

En diciembre de ese año sus padres lo entregaron a la policía por los constantes problemas que Cayetano traía.
En esta ocasión fue transladado a la Colonia de Menores Marcos Paz, donde permaneció por los siguientes 3 años.
Durante su estancia en este lugar, Cayetano aprendió a leer y a escribir, pero lejos de recuperarlo, este lugar lo endureció.

En 1911 vuelve a su casa por petición de sus padres, quienes le habían conseguido un trabajo en una fábrica en un inútil intento de redimirlo. Este trabajo le duró tan solo 3 meses, y, una vez de vuelta en las calles, Cayetano se había convertido en un criminal frío y tremendamente potenciado.

Volvió a sus andanzas pero esta vez frecuentando los lugares y personas de más bajo nivel moral de Buenos Aires.
Cayetano comenzó a sufrir fuertes dolores de cabeza, los cuales le llenaban de ganas de matar, sobre todo después de embriagarse.

1912. Un año de seguidillas criminales:

El 17 de enero de 1912 Cayetano, que ya era conocido con el apelativo de ¨Petiso Orejudo¨, se metió en una bodega de la calle Corrientes y la incendió, pues el fuego era otra de sus obsesiones.
Este incendio fue apagado en 4 horas, y más tarde Cayetano declaró: “…Me gusta ver trabajar a los bomberos… es lindo ver como caen en el fuego…”.

El 26 de enero de ese mismo año se encotró en una casa en alquiler, el cadáver de Arturo Laurora, de 13 años. El niño fue encontrado golpeado, semidesnudo y ahorcado.
Si bien las investigaciones no llevaron a ninguna pista, años mas tarde el Petiso Orejudo confesaría ser el autor de este crimen.

El 7 de marzo, Cayetano prendió fuego las ropas de una niña de 5 años. Reyna Bonita Vaínicoff falleció días después a causa de las quemaduras.

En los meses posteriores el Petiso causó dos incendios más que fueron controlados fácilmente por los bomberos sin producir víctimas.

Cayetano consiguió trabajo en una bodega de Paulino Gomez, donde el 24 de septiembre, mató de 3 puñaladas a una yegua. No lo detuvieron por falta de pruebas.

Días más tarde prendió fuego la Estación Vail de la compañía de tranvías Anglo- Argentina. El incendio fue nuevamente controlado por los bomberos.

El 8 de noviembre de 1912, Cayetano convenció a Roberto Russo por medio de engaños, a acompañarlo a una tienda donde supuestament le compraría caramelos.

Llevó al niño de 2 años hasta un alfalfar, donde lo ató por lo pies y lo ahorcó con una cuerda. Un peón del lugar lo descubrió y lo entregó a la policía.
Cayetano declaró haber encontrado atado al niño y estarlo rescatando cuando fue descubierto, fue liberado por falta de mérito.

El 16 de ese mes, golpeó a Carmen Gittone, una niña de 3 años, pero antes de llegar a mayores fue descubierto por un vigilante y Cayetano logró escapar una vez mas.

El 20 de noviembre, se llevó a Catalina Naulener de 5 años, intentó arrastrarla hasta un baldío pero la niña se resistió a continuar, el petiso, totalmente descontrolado por este desaire, la golpeó, pero el dueño de una casa vecina intervino y Cayetano logró huir.

Su último crimen es el de Gararde Giordano, un niño de 3 años.
Este sucedió el 3 de diciembre, día en que Cayetano salió de su casa con una gran determinación de matar.
Luego de andar un rato por las calles, encuentra al grupo de niños jugando en la calle, al cual se unió sin problemas, pues su aspecto de tonto siempre le ayudaba a ganar la confianza de sus víctimas.
Entre los niños se encontraba Gerardo, a quien Cayetano convenció para que lo acompañara a comprar unos caramelos.
Los dos niños se fueron caminando hacia el almacén, donde Cayetano compró 2 centavos en caramelos de chocolate. Le dio algunos al mas pequeño y le prometió el resto a cambio de que lo acompañase a cierto lugar alejado.
Cuando llegan a la Quinta Moreno, el Gerardo se resistió entrar, por lo que el petiso lo agarró violentamente de los brazos, lo metió en la quinta y lo acorraló contra un horno de ladrillos.
Tumbó al pequeño con fuerza y lo inmovilizó poniéndole la rodilla sobre el pecho. Se quitó el piolín que usaba para sujetar su pantalón (era un lazo de algodón de los que se usan en albañilería para sostener las plomadas) y comenzó a enroscarlo en el cuello de Gerardo, le dií 13 vueltas y lo estranguló.
Gerardo intentó levantarse pero el petiso le ató de pies y manos, retomó su intento de asfixiarlo pero el pequeño aún resitía.

Una terrible idea se cruzó por la mente de Cayetano: atravesarle la cabeza con un clavo
.

Decidido a llevar a cabo su idea, el Petiso se fue en busca del material necesario para realizar su tarea.
Durante su búsqueda, en el exterior del local, se topa con el padre de Gerardo quién le pregunta por el paradero del niño. Cayetano, sin inmutarse, le respondió que no lo había visto y le sugirió ir a la comisaría a realizar la denuncia correspondiente.
Cayetano encontró un viejo clavo de 4 pulgadas, y volvió con él hasta donde estaba Gerardo.
Con una piedra a modo de martillo, hundió el clavo en la sien del niño y luego de cubrirlo con una lámina de zinc huyó del lugar.

Cayetano asistió esa noche al velatorio de Gerardo, donde, tras ver el cadáver del niño huyó llorando.
La policía logró encadenar los hechos y detuvieron a Cayetano, quien una vez que estuvo detenido confesó sus homicidios y sus intentos de asesinato.

La condena:

El Petiso fue declarado irresponsable y encerrado en el Hospicio de las Mercedes, donde atacó a 2 pacientes e intentó huir.
Lo transladaron a la Penitenciaría Nacional y finalmente en 1923 fue reubicado en la penal de Ushuaia, en la ¨Cárcel del Fin del Mundo¨.
En 1927 los médicos del penal le hicieron una cirugía estética en las orejas, pues creían que allí radicaba su maldad. Obviamente este tratamiento “radical” no sirvió de nada.
En 1936 pidió la libertad y se la negaron: de los dictámenes médicos elaborados se concluye que: “Es un imbécil o un degenerado hereditario, perverso instintivo, extremadamente peligroso para quienes lo rodean“.

De su vida de recluso se sabe poco. En 1933, consiguió detonar la furia de los presos porque mató al gato mascota del penal, arrojándolo junto con los leños al fuego; le dieron una gran golpiza, de la que tardó más de veinte días en salir del hospital.

Murió el 15 de noviembre de 1944, supuestamente por una hemorragia interna causada por un proceso ulceroso gastroduodenal, pero se sabe que había sido maltratado y, con frecuencia, violentado sexualmente.
Sobrellevó los largos días de la cárcel, sin amigos, sin visitas y sin cartas. Murió sin confesar remordimientos.
El penal de Ushuaia fue clausurado en 1947, y cuando el cementerio fue removido sus huesos ya no estaban.

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